Jair Messias Bolsonaro ganó las elecciones

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El candidato electo dijo que todas sus promesas de campaña serán cumplidas y que su gobierno será constitucional y democrático. Aseguró que va a “reducir el tamaño del gobierno federal”, y que está “comprometido con la disciplina fiscal”. Pronostica un “ciclo virtuoso” con baja del déficit, menor deuda pública y bajas tasas de interés.

Efectos previsibles

Los electores se pronunciaron como adelantaban las encuestas, que esta vez no erraron. Los diez puntos de ventaja promedio que hasta el viernes le otorgaban al candidato de la ultraderecha se verificaron y el próximo presidente de la primera economía latinoamericana será Jair Bolsonaro.

Continúa así tendencia de suplantar gobiernos progresistas en el continente por ejecutivos conservadores. Claro que en el caso de Brasil, que suele marcar tendencia para toda la región, el cambio va mucho más allá.

UTORITARISMO Y VIOLENCIA

El periodista estadounidense Jon Lee Anderson definió a Bolsonaro como una mezcla de dos personalidades muy reconocidas: “Es parte Donald Trump, parte Rodrigo Duterte”, en referencia a los presidentes de EEUU y de Filipinas.

El presidente filipino hizo su campaña con el lema de “guerra contra las drogas”, y con esa política lleva ya unos 20.000 muertos, entre los que han caído más inocentes que narcotraficantes, según denuncias de la ONU y de otras agencias humanitarias internacionales y locales. El brasileño promete dar facilidades para sacarle “molestos controles” a la policía, en un país donde la fuerza pública ya mata en promedio a 5.000 personas al año.

Bolsonaro asegura que quienes infringen la ley “no son seres humanos normales”, y que habría que dar recompensas a la policía “si matan a diez, quince, o veinte” cada vez. También quiere que puedan emplear la tortura libremente, así como las ejecuciones extrajudiciales, las que, consideró, no fueron suficientemente aplicadas por la dictadura 1964-1982.

Para completar el paisaje, una de sus propuestas más meneadas es permitir la libre tenencia y portación de armas, con lo que espera reducir los índices de violencia. Con ese tono, su ascenso ya animaba a algunos grupúsculos extremistas en el Brasil: agresiones, palizas, amenazas y hasta linchamientos de políticos o activistas progresistas, de la comunidad LGTB, o de simples opositores al candidato ultraderechistas comenzaban a extenderse tras su triunfo en primera vuelta. Ahora, es de temer que tales hechos se incrementen.

ECONOMÍA DE CHICAGO

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Bolsonaro admitió en campaña que “no tiene idea” de la cuestión económica. Las escasas y confusas señales alrededor de esa cuestión apuntan a la privatización de las grandes empresas brasileñas, preferentemente Embraer, Petrobras y Eletrobras. Su principal asesor, el especialista en banca de inversión Paulo Guedes -doctorado en economía en Chicago- probable “superministro”, lleva por ese camino.

Otra ambición declarada de Guedes es la de hacer una profunda “reforma” del sistema de pensiones de los empleados públicos. En ambas cuestiones se esperan fuertes resistencias. Como candidato, Bolsonaro aseguró que no habrá recortes para las fuerzas armadas, aunque son uno de los capítulos del presupuesto más grandes, junto con la deuda externa. Los mercados financieros celebraron desde el principio su probable victoria, y la bolsa se estabilizó tras la primera vuelta.

EL AMAZONAS TIEMBLA

Bolsonaro dejó claro que considera “excesivas” las medidas de protección de las áreas selváticas, y que reducirá el control. Dentro y fuera del país se teme mano suelta con la explotación descontrolada y la deforestación de la Amazonia.

Las más preocupadas son las comunidades nativas, que ven venir al Estado y a los privados marchando sobre sus tierras. “Si gana, institucionalizará el genocidio. Ya dijo que el Gobierno federal no apoyará los derechos indígenas, como el acceso a la tierra. Estamos muy asustados, y yo temo por mi vida”, dijo Dinamam Tuxá, coordinador nacional de la Asociación de Pueblos Indígenas.

NUEVO ALIADO DE EEUU

Bolsonaro, muchos de sus asesores y también algunos de sus simpatizantes se exhibieron saludando marcialmente la bandera estadounidense en sus actos. Esto fue claramente detectado por Brian Winter, editor de Americas Quarterly y vicepresidente del Consejo de las Américas: “Eso habría sido un suicidio para cualquier candidato brasileño durante los últimos 30 años. Pero en el clima de hoy, apoyar a EEUU es una especie de código de rechazo de la izquierda ideológica, que gobernó Brasil de 2003 a 2016 y llevó al país al desastre actual”, escribió.

El equipo de Bolsonaro se reunió con representantes de Donald Trump, modelo inspirador para este ultraderechista. En toda su campaña se vio en acción la fórmula de aliar estrechamente al mundo empresarial con el poder estatal, al tiempo que promueve el libre accionar de las fuerzas de seguridad en las calles, un nacionalismo hecho de banderas desplegadas (aunque luego quiera rematar todos los bienes públicos) y libertad para el gran capital, que vendría a salvar el derrumbe económico. Bolsonaro y sus asesores dejaron claro que Brasil será en adelante un estrecho aliado de EEUU en política exterior.

Ya adelantó que trasladará la embajada de Brasil en Israel a la ciudad de Jerusalén (donde ganó con el 75% de los votos de los brasileños radicados), mano dura contra Venezuela, y apoyo incondicional a Washington en la ONU. Unos pocos confían en que Itamaraty pueda poner coto a semejantes pretensiones.

DiarioNorte.

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